Folio 24

martes, 6 de julio de 2010

Ahí lo tienes
un horizonte bramante y gélido
que te parte la cara
te cierra los ojos y los hace llorar
ahí
como una luz parpadeante
que amenaza todos los días con irse
y así, del mismo modo, todos los días se queda
y se va
y vuelve
para irse otra vez
irse y llevárselo todo
y –así entre nos (otra vez)- qué importa eso que se lleva
si se lo ha llevado ya
si cuando lo sentimos quemándonos los rostros
ya se fue
no está
se ha ido y su catástrofe con él
qué importa lo que se lleva el viento
vale más y ahora más lo que nos dejó
nos deja esa estela de vacío
una sensación a derrota
la garganta seca
quebrada por un llanto que se ahoga en los nudillos de la voz
nos deja ver que
a fin de cuentas
jamás tuvimos el derecho de decir nuestro
nos deja esa ilusión enferma de decir mío

Helo ahí
sentado bramante
a carcajadas despeinando los bosques
subiendo las faldas de la inocencia
oh estimable
a usted ya no le creo
pero ahora que veo lo que ocultaban sus faldas
sé que al menos existe
que respira y camina
pero camina
oh estimable
camina usted y le suben la falda
le miran el poto y no hace ni dice ni dice nada

Mírenlo ahí como un niño
cruel y despiadado
mírenlo ahí como a un niño
sin tanta atención ni paciencia

Aquí tienes
hermoso gigante
una voluntad que también anda
ya sea tras tus pasos
recordando aquello que te llevas
corriendo por tu estela infame
una herida sangrante y llena de pus
a la que llaman memoria
pero mala, muy mala memoria

Aquí tienes
terrible gigante
una voluntad que igual anda
ya sea contra tus pasos
acechando las incertidumbres
devorándose certezas pálidas
haciéndole el amor a las certezas más oscuras
a las que hemos abandonado
para tragarnos tu ritalin y tus opioides

Aquí tienes
gigante
yo también sé irme

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